Tu ventana era un balcón abierto al pabellón número siete
Dos horas.
Dos horas como dos minutos
o dos días,
sin tiempo aparente.
Dos horas delante
de tu ventana
sin pensar en nada concreto,
sólo aliviándome
de la necesidad de sentirte cerca.
Dos horas mirando tus cristales,
tu mesita.
Imaginando que más allá
estarían tus calaveras,
tu armario,
tu cama,
tu ropa,
tú.
Dos horas como dos minutos
o dos días,
sin tiempo aparente.
Dos horas delante
de tu ventana
sin pensar en nada concreto,
sólo aliviándome
de la necesidad de sentirte cerca.
Dos horas mirando tus cristales,
tu mesita.
Imaginando que más allá
estarían tus calaveras,
tu armario,
tu cama,
tu ropa,
tú.
Comentarios
Publicar un comentario